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Calentamiento Sudamericano

A continuación se exponen los estudios del IPCC con respecto a los asuntos de calentamiento sudamericano bajando la ..



Calentamiento Sudamericano

 

A continuación se exponen los estudios de IPCC respecto a los asuntos de calentamiento sudamericano bajando la escala especial.

 

Observación

 Según el IPCC (2007), el aumento de la frecuencia de extremos climáticos tales como crecidas, sequías o deslizamientos de tierra, por ejemplo, se pueden mencionar las intensas precipitaciones de Venezuela, (1999 y 2005), la inundación de la pampa argentina, (2000 y 2002), la sequía del Amazonas, (2005), las destructivas tempestades de granizo de Bolivia, (2002) y de Buenos Aires (2006), el ciclón Catarina en el Atlántico Sur, (2004), o la estación de huracanes de 2005, sin precedentes en la región del Caribe.

 

Se han observado aumentos de la precipitación en el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, nordeste de Argentina (Pampas), y partes de Bolivia, noroeste de Perú, Ecuador y noroeste de México. El aumento de la precipitación incrementó en un 10% la frecuencia de crecida en el río Amazonas a la altura de Obidos, y en un 50% el caudal de los ríos de Uruguay, del Paraná y del Paraguay, así como las crecidas en la cuenca del Mamoré, en la Amazonia boliviana.

 

En el área tropical andina de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia la superficie de los glaciares ha disminuido en magnitud similar a la del cambio mundial experimentado desde el final de la Pequeña Era Glacial. Los glaciares más pequeños han sido los más afectados. La razón de estos cambios, a diferencia de los experimentados en latitudes medias y altas, está vinculada a una combinación compleja y espacialmente variable de altas temperaturas y de cambios en el contenido de humedad de la atmósfera, (IPCC 2007). El retroceso de los glaciares está afectando también a la generación de energía hidroeléctrica, como se ha observado en las ciudades de La Paz y Lima.

 

En el tema de biodiversidad son pocos los estudios que evalúan los efectos del cambio climático sobre la diversidad biológica, y en todos ellos es difícil diferenciar los efectos debidos al cambio climático de los inducidos por otros factores. Los bosques tropicales de América Latina, particularmente en la Amazonia, son crecientemente susceptibles a los incendios causados por un incremento de las sequías relacionadas con El Niño y por los cambios de uso de la tierra, (deforestación, tala selectiva y fragmentación forestal).

 

En relación a la biodiversidad, se ha observado que la población de sapos y ranas de los bosques nubosos ha resultado afectada tras una serie de años de escasa precipitación. En América Central y del Sur, se ha establecido una relación entre el aumento de la temperatura y la extinción de especies de ranas a causa de cierta enfermedad de la piel, (Batrachochytrium dendrobatidis). Un estudio basado en datos relativos al periodo 1977-2001 revela que la cubierta de coral de los arrecifes del Caribe disminuyó en promedio un 17% a lo largo de un año tras el paso de un huracán, sin evidencia de recuperación durante, como mínimo, los ocho años siguientes al impacto (IPCC 2007).

 

Predicción

 

 Según IPCC (2007), con un grado de confianza medio, el calentamiento medio de América Latina de aquí a 2100 se situaría, con arreglo a diversos modelos climáticos, entre 1°C y 4°C para el escenario de emisiones B2, y entre 2°C y 6°C para el escenario A2. La mayoría de proyecciones mediante modelos GCM indican la existencia de anomalías (positivas o negativas) de la precipitación en la región tropical, y otras de menor magnitud en la parte extratropical de América del Sur. Además, en América Central aumentaría la frecuencia de estaciones extremadamente secas respecto de la totalidad de estaciones. Más allá de estos resultados, hay escasa concordancia entre modelos en cuanto a la variación de la frecuencia de estaciones con precipitación extrema. Con respecto a la precipitación extrema diaria, un estudio basado en dos GCM indica un aumento del número de días húmedos en partes del sureste de América del Sur y en la Amazonia central, y extremos menos acentuados de precipitación diaria en la costa del nordeste de Brasil.

 

Según el IPCC (2007), el número de habitantes de cuencas que padecen ya estrés hídrico (es decir, suministros inferiores a 1.000 m3/habitante/año) ha sido estimado en 22,2 millones (en 1995) en ausencia de cambio climático. Se estima que este número aumentará hasta alcanzar una cifra comprendida entre 12 y 81 millones en el decenio de 2020, y entre 79 y 178 millones en el decenio de 2050 (Arnell, 2004). En tales estimaciones no se ha tenido en cuenta el número de personas que huyen del estrés hídrico. Las vulnerabilidades actualmente observadas en muchas regiones de América Latina se acentuarán debido al efecto negativo conjunto de una mayor demanda de agua de consumo y riego, como consecuencia de una tasa de crecimiento demográfico más alta y de una mayor sequedad en numerosas cuencas. Por consiguiente, aun teniendo en cuenta el número de personas que padecerán un menor estrés hídrico, sigue aumentando en términos netos el número de personas que padecerán estrés hídrico.

 

Algunos glaciares tropicales pequeños han desaparecido ya, mientras que otros lo harán probablemente en los próximos decenios, lo cual podría repercutir en la generación de energía hidroeléctrica (Ramírez et al., 2001).

 

Según el IPCC (2007), 262 millones de personas, es decir, un 31% de la población de América Latina, viven en áreas con riesgo de paludismo, (es decir, en regiones tropicales y subtropicales). Algunas proyecciones basadas en escenarios indican que se acortará la estación de transmisión palúdica en numerosas áreas en las que disminuirían las precipitaciones, como el Amazonas o América Central. Los resultados indican que el número de personas en peligro es más elevado en áreas próximas al límite austral del área de distribución de la enfermedad en América del Sur. Bolivia ha predicho un aumento de la incidencia del paludismo de aquí a 2010, y han constatado variaciones estacionales. El crecimiento del paludismo y de la población amenazada podría afectar al costo de los servicios sanitarios, en particular el destinado a tratamientos y a servicios de seguridad social.

 

Otros modelos proyectan un aumento sustancial del número de personas amenazadas de dengue, debido a la variación de los límites geográficos de la transmisión en México, Brasil, Perú y Ecuador. Algunos modelos indican cambios en la distribución espacial (dispersión) del vector de la leishmaniosis cutánea en Perú, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Bolivia, así como en la distribución mensual del vector del dengue.

 

Conclusión de Cambio climático sudamericano

 

Se han observado aumentos de la precipitación en Bolivia. El aumento de la precipitación incrementó  en un 50% así como las crecidas en la cuenca del Mamoré, en la Amazonia boliviana.

 

En el área tropical andina de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia la superficie de los glaciares ha disminuido en magnitud similar a la del cambio mundial experimentado desde el final de la Pequeña Era Glacial.

 

El retroceso de los glaciares está afectando también a la generación de energía hidroeléctrica, como se ha observado en las ciudades de La Paz.

 

Los bosques tropicales de América Latina, particularmente en la Amazonia, son crecientemente susceptibles a los incendios causados por un incremento de las sequías relacionadas con El Niño y por los cambios de uso de la tierra.

 

El calentamiento medio de América Latina de aquí a 2100 se situaría, con arreglo a diversos modelos climáticos, entre 1°C y 6°C.

 

Algunos glaciares tropicales pequeños han desaparecido ya, mientras que otros lo harán probablemente en los próximos decenios, lo cual podría repercutir en la generación de energía hidroeléctrica.